Durante el Desayuno Nacional de Oración celebrado este jueves en Washington D.C., el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ratificó públicamente su alianza estratégica con el mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, en presencia de líderes políticos y religiosos de más de 110 países. El evento anual, considerado uno de los principales foros interreligiosos del país, reunió a figuras de todo el mundo con el propósito de reflexionar sobre temas de fe, unidad y liderazgo.
En su discurso ante la audiencia, Trump destacó la presencia de Bukele como “una de mis personas favoritas” y lo calificó como un “gran aliado” de Estados Unidos, especialmente en materia de seguridad y política migratoria. El mandatario estadounidense resaltó la cooperación entre ambos gobiernos y el papel de El Salvador como socio clave en la región centroamericana, enfatizando los esfuerzos para enfrentar el crimen organizado, fortalecer la seguridad fronteriza y apoyar medidas de contención de flujos migratorios.
“Ha sido increíble. Ha sido un gran aliado de este país”, dijo Trump ante los asistentes, refiriéndose a Bukele y su gobierno, que ha aplicado políticas de mano dura contra las pandillas y redes criminales, y ha colaborado con Estados Unidos en programas de extradición y manejo de personas deportadas acusadas de delitos graves.
La participación de Bukele en este evento no había sido anunciada oficialmente con antelación, pero su presencia fue confirmada por fuentes salvadoreñas y reflejó el estrechamiento de los lazos entre Washington y San Salvador. Además de elogios personales, la administración estadounidense ha subrayado la importancia de El Salvador como aliado estratégico en temas de seguridad regional y control migratorio, ámbitos centrales de la política exterior de Trump.
La alianza entre Trump y Bukele ha sido tema recurrente, con encuentros previos y reuniones bilaterales centradas en cooperación migratoria y de seguridad, así como en el intercambio de estrategias contra estructuras criminales transnacionales. Este reconocimiento público en un foro interreligioso internacional refuerza la imagen de ambos líderes como defensores de políticas conservadoras y de mano dura, a la vez que visibiliza una agenda compartida en asuntos de interés geopolítico para Estados Unidos y sus socios en Centroamérica.
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