El Gobierno de Estados Unidos intensificó su presión sobre México para obtener resultados claros y rápidos en la lucha contra el narcotráfico, especialmente frente al tráfico de fentanilo y redes narcoterroristas. En una conversación reciente entre el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y el canciller mexicano Juan Ramón de la Fuente, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado afirmó que el progreso gradual frente a los retos de seguridad en la frontera es inaceptable, y que los próximos compromisos bilaterales deberán producir resultados “concretos y verificables”.
Según la declaración estadounidense difundida en redes sociales, Washington condicionará futuros acuerdos de seguridad a avances medibles sobre el desmantelamiento de las redes de narcotráfico y la reducción efectiva del flujo de fentanilo hacia territorio estadounidense. La postura refleja una frustración creciente por la percepción de lentitud en los esfuerzos para combatir al crimen organizado en la región fronteriza.
Por su parte, el Gobierno de México y su canciller destacaron la importancia de mantener una colaboración basada en el respeto mutuo a la soberanía, aunque coincidieron en que es necesario intensificar acciones compartidas contra las amenazas comunes.
Este intercambio se produce en un contexto de tensiones diplomáticas en materia de seguridad, donde el presidente estadounidense ha considerado medidas más drásticas frente a los cárteles, y el Gobierno mexicano ha reiterado su rechazo a intervenciones militares extranjeras en su territorio.
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