Aficionados iraníes se quedan sin entradas para el Mundial en EE.UU. y crece la polémica entre la FIFA y Washington
La preparación de Irán para la Copa del Mundo 2026 continúa sumando obstáculos. A pocos días de su debut en el torneo, la Federación de Fútbol de Irán denunció que la FIFA revocó la asignación de entradas destinadas a los aficionados iraníes para los tres partidos que disputará la selección en territorio estadounidense durante la fase de grupos.
Según las normas de la FIFA, cada una de las 48 selecciones participantes tiene derecho a recibir el 8% del aforo de los estadios en los que juega para distribuir entradas entre sus seguidores. Esta medida garantiza la presencia de aficionados de todos los equipos en la máxima competición del fútbol mundial. Sin embargo, la federación iraní aseguró que ya no dispone de ninguna localidad para ofrecer a sus hinchas.
La decisión llega en medio de un contexto político particularmente complejo. Desde hace meses, los ciudadanos iraníes enfrentan restricciones para viajar a Estados Unidos debido a políticas migratorias vigentes, situación que ya dificultaba la asistencia de seguidores al torneo. Ahora, la retirada de las entradas ha incrementado las tensiones entre la federación iraní, la FIFA y el gobierno estadounidense.
En un comunicado difundido por medios estatales, la Federación de Fútbol de Irán sugirió que las autoridades estadounidenses habrían tomado medidas para limitar la presencia de aficionados iraníes en los estadios. Además, calificó la situación como una posible interferencia política en un evento que debería mantenerse al margen de conflictos internacionales.
El combinado iraní debutará el 15 de junio frente a Nueva Zelanda en el estadio de los Los Angeles Rams, en Inglewood. Posteriormente se medirá a Bélgica el 21 de junio, también en California, y cerrará la fase de grupos contra Egipto el 26 de junio en Seattle.
Los problemas no terminan ahí. La guerra que afecta al país obligó a suspender la liga local, provocando que gran parte de los futbolistas lleguen al Mundial sin actividad competitiva oficial desde febrero. Además, la selección tuvo que trasladar su centro de operaciones a Tijuana, México, abandonando los planes iniciales de concentrarse en Arizona.
La federación también denunció dificultades para que algunos de sus dirigentes obtuvieran visas de ingreso a Estados Unidos. Mientras tanto, los aficionados interesados en acompañar al equipo continúan enfrentando complicaciones relacionadas con permisos de viaje y restricciones financieras derivadas de las sanciones internacionales.
Por su parte, la FIFA aseguró que trabaja junto a la Federación Iraní de Fútbol para encontrar soluciones que permitan la asistencia de seguidores iraníes a los encuentros. Sin embargo, el tiempo juega en contra, especialmente para el debut ante Nueva Zelanda, ya que miles de entradas originalmente reservadas para Irán deberían ser redistribuidas en cuestión de días.
La controversia no afecta únicamente a Irán. En los últimos días también se reportaron problemas migratorios que involucraron a un árbitro somalí, un jugador iraquí y miembros de delegaciones acreditadas para el torneo. Estos episodios han reavivado el debate sobre el papel de las políticas migratorias estadounidenses en un Mundial que busca reunir a aficionados y representantes de todo el planeta.
Diversas voces vinculadas a la lucha contra la discriminación han expresado su preocupación. Para algunos observadores, las dificultades registradas antes del inicio del campeonato amenazan con empañar el espíritu de inclusión y convivencia internacional que históricamente ha caracterizado a la Copa del Mundo.
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