La guerra entre Estados Unidos e Irán ha dejado 756 militares estadounidenses heridos y 18 fallecidos, según las cifras más recientes del Departamento de Defensa, mientras el conflicto entra en su sexto mes y las fuerzas estadounidenses continúan desplegadas en Medio Oriente.
Los datos proceden del Defense Casualty Analysis System, la base utilizada por el Pentágono para registrar las bajas de las Fuerzas Armadas estadounidenses. El número de militares heridos ha aumentado considerablemente durante las últimas semanas, después de que el Departamento de Defensa incorporara nuevas bajas a sus registros.
El balance representa un incremento significativo frente a las cifras divulgadas durante los primeros meses de la guerra. A finales de julio, el Pentágono había informado de cientos de militares heridos, pero las nuevas actualizaciones elevaron el total a más de 750.
Uno de los aspectos que más llama la atención es que 341 militares resultaron heridos en acción desde el 7 de julio, cuando comenzó una nueva fase de operaciones estadounidenses. La mayoría de ellos pertenecen al Ejército, con 310 soldados registrados entre los heridos de ese periodo.
Los registros también muestran que los efectos del conflicto han sido particularmente importantes para las fuerzas terrestres. Según datos del Pentágono citados por Arab News, entre los militares heridos desde el comienzo de las operaciones se contabilizan más de 580 soldados del Ejército, además de miembros de la Armada, la Fuerza Aérea y el Cuerpo de Marines.
Una parte considerable de las lesiones está relacionada con traumatismos cerebrales y conmociones, muchas de ellas provocadas por ataques con misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en Medio Oriente. El Pentágono ha señalado previamente que una gran proporción de las lesiones fueron consideradas menores y que numerosos militares pudieron regresar posteriormente al servicio.
El conflicto comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron ataques contra Irán. Durante las semanas siguientes, Teherán respondió con misiles y drones contra instalaciones estadounidenses y objetivos asociados a Washington en distintos puntos de la región.
Las bajas estadounidenses también han ocurrido fuera del territorio iraní. Bases y posiciones militares estadounidenses en países como Jordania, Irak, Kuwait, Catar y otros puntos del Golfo han sido objeto de ataques durante el conflicto.
En julio, además, varios militares estadounidenses murieron durante ataques y operaciones relacionadas con la guerra. El Pentágono confirmó posteriormente que el número total de fallecidos había llegado a 18, mientras continuaba aumentando la cifra de heridos.
El aumento de las bajas se produce mientras la guerra se prolonga mucho más de lo inicialmente previsto por la Administración Trump. Aunque se han producido periodos de reducción de las hostilidades y esfuerzos diplomáticos, Estados Unidos mantiene una importante presencia militar en la región.
La situación también representa un desafío para el Gobierno estadounidense debido al costo económico de mantener las operaciones militares. El despliegue prolongado implica gastos relacionados con personal, armamento, mantenimiento de bases, operaciones aéreas y navales y atención médica para los militares heridos.
Además, el aumento de las bajas vuelve a poner sobre la mesa el debate político en Estados Unidos sobre la duración de la intervención militar y sus objetivos.
Por ahora, los datos oficiales muestran que más de 750 militares estadounidenses han resultado heridos desde el inicio de la guerra, una cifra que podría continuar cambiando a medida que el Pentágono actualice sus registros.
El balance refleja así uno de los costos humanos más importantes que ha tenido para Estados Unidos un conflicto que, lejos de resolverse rápidamente, continúa generando consecuencias militares, económicas y políticas.
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