El crecimiento de los medicamentos GLP-1, utilizados principalmente para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad, está comenzando a modificar los hábitos de consumo en Estados Unidos y también la manera en que algunas cadenas de restaurantes diseñan sus menús.
Entre 11% y 12% de los adultos estadounidenses reportaron haber utilizado medicamentos GLP-1 durante 2026, según una encuesta de Gallup citada por ABC News. La cifra representa un incremento considerable frente al 3% registrado en 2024.
Estos tratamientos, entre los que se encuentran medicamentos como Wegovy, Zepbound y Ozempic, pueden reducir el apetito y modificar la cantidad de comida que una persona desea consumir. Ese cambio está generando nuevas oportunidades y desafíos para una industria acostumbrada a vender grandes porciones y productos altamente calóricos.
Ante esta transformación, algunas cadenas comenzaron a desarrollar o destacar alternativas dirigidas específicamente a consumidores que utilizan GLP-1.
Chipotle es uno de los ejemplos más visibles. La compañía ofrece actualmente un menú de alta proteína que incluye opciones identificadas como compatibles con las necesidades de consumidores que siguen tratamientos GLP-1. Entre ellas aparecen bowls con proteína y fibra, además de porciones individuales de pollo.
Uno de sus productos, el High Protein Cup de pollo, contiene 32 gramos de proteína y 180 calorías. También ofrece un bowl de alta proteína y fibra con 46 gramos de proteína y 14 gramos de fibra.
La estrategia también llegó a Smoothie King, que desarrolló una línea específica para consumidores que utilizan medicamentos GLP-1. Según la información difundida por ABC News, sus bebidas contienen entre 19 y 45 gramos de proteína y entre 190 y 450 calorías.
Por su parte, Shake Shack incorporó hamburguesas sin pan dentro de su oferta, una alternativa que permite reducir carbohidratos y modificar la composición tradicional de uno de sus productos más populares.
Los cambios no se limitan a las grandes cadenas. El sector de alimentos y restaurantes está observando una transformación más amplia en las preferencias de los consumidores: mayor interés por proteínas, fibra, alimentos con mayor densidad nutricional, menor cantidad de azúcar y opciones que permitan controlar las porciones.
La transformación también está relacionada con un cambio en la manera en que los usuarios de estos medicamentos viven la experiencia de comer fuera de casa. Una encuesta de 2026 de la National Restaurant Association encontró que las personas que utilizan GLP-1 compran comidas, bebidas o snacks en restaurantes un promedio de 7,6 veces por semana, frente a 5,1 veces entre quienes no utilizan estos tratamientos.
El dato resulta relevante para la industria porque demuestra que el uso de estos medicamentos no necesariamente significa que los consumidores hayan dejado de acudir a restaurantes. En cambio, sus necesidades pueden estar cambiando.
De acuerdo con el mismo estudio, nueve de cada diez consumidores que utilizan GLP-1 consideran que los restaurantes suelen ofrecer alternativas para comer de manera saludable. Sin embargo, 89% señaló que quisiera recibir información más clara sobre las opciones relacionadas con bienestar y nutrición.
Los especialistas también han observado cambios en el comportamiento de algunos pacientes. Entre las solicitudes aparecen las medias porciones, platos de menor tamaño y mayor posibilidad de personalizar las comidas con vegetales, según ABC News.
Para los restaurantes, esta transformación plantea una pregunta comercial importante: cómo mantener el atractivo de la comida rápida mientras se responde a consumidores que buscan comer menos y priorizar determinados nutrientes.
El fenómeno coincide además con una tendencia previa de la industria hacia los productos de alta proteína. En abril, McDonald's comenzó a destacar visualmente en su menú alternativas que superaban los 15 gramos de proteína por porción, como el Egg McMuffin y el McDouble.
Sin embargo, especialistas en nutrición advierten que una comida con más proteína o menos calorías no necesariamente es automáticamente saludable. La composición completa del alimento, las cantidades de sodio, grasas, fibra y otros nutrientes también deben considerarse.
El avance de los GLP-1 está llevando así a la industria gastronómica estadounidense a reconsiderar uno de sus conceptos tradicionales: más comida por el mismo precio.
Ahora, para una parte creciente de los consumidores, el atractivo puede estar precisamente en lo contrario: porciones más pequeñas, suficiente proteína, mayor densidad nutricional y la posibilidad de adaptar el plato a sus nuevas necesidades.
Aunque todavía existe incertidumbre sobre cuánto tiempo continuará creciendo el uso de estos medicamentos, las primeras modificaciones de los menús muestran que su impacto ya va más allá de las farmacias y los consultorios médicos.
Los GLP-1 están empezando a influir también en qué comen los estadounidenses, cuánto comen y qué esperan encontrar cuando salen a comer.
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