El Mundial 2026 expone el desafío de las personas sin hogar en las ciudades anfitrionas
A pocos días del inicio del Mundial 2026, las ciudades anfitrionas de Estados Unidos y Canadá enfrentan un desafío que trasciende el fútbol: la creciente crisis de las personas sin hogar. Mientras millones de aficionados se preparan para seguir el torneo más importante del planeta, varias sedes intentan equilibrar la organización del evento con programas sociales destinados a reducir la presencia de campamentos en calles y espacios públicos.
En Atlanta, una de las principales sedes del campeonato, el contraste es evidente. A poco más de un kilómetro del estadio donde se disputarán partidos mundialistas, decenas de personas continúan durmiendo en las calles mientras esperan acceder a refugios. La ciudad lanzó el programa "Downtown Rising" con el objetivo de erradicar los campamentos del centro y ya ha proporcionado alojamiento a cerca de 500 personas. Además, ha movilizado 185 millones de dólares para ofrecer vivienda a miles de residentes sin hogar en los próximos años. Sin embargo, las escenas de personas acampando cerca del corazón urbano demuestran que el problema sigue lejos de resolverse.
Dallas presenta uno de los casos más destacados. La ciudad logró reducir en un 87% el número de personas que dormían en las calles del centro gracias a una inversión de 30 millones de dólares iniciada en 2024. El programa permitió ofrecer vivienda permanente a unas 2.000 personas y recientemente recibió una ampliación presupuestaria de 28 millones de dólares para extender la estrategia a todo el condado. No obstante, organizaciones sociales han cuestionado algunas tácticas policiales utilizadas para desalojar campamentos.
En Seattle, las autoridades aprovecharon la cuenta regresiva hacia el Mundial para acelerar la construcción de refugios. La alcaldesa Katie Wilson impulsó la creación de 500 nuevas plazas de alojamiento, aunque la ciudad reconoce que no alcanzará completamente esa meta antes del torneo. Como parte del proyecto, se instalaron decenas de minicasas equipadas con cama, calefacción y aire acondicionado para ofrecer una alternativa temporal a quienes viven en la calle.
La situación también genera debate en Inglewood, California, sede de varios partidos. Mientras las autoridades destacan que la ciudad tiene una de las cifras más bajas de personas sin hogar del área de Los Ángeles, organizaciones sociales recuerdan que a pocos kilómetros del estadio continúan funcionando centros de asistencia que atienden diariamente a decenas de personas vulnerables. El condado de Los Ángeles ha reforzado su red de refugios y habilitado moteles para ampliar la capacidad de alojamiento.
En Canadá, las ciudades de Toronto y Vancouver optaron por mantener sus programas habituales de atención a personas sin hogar sin implementar medidas extraordinarias ligadas al Mundial. Sin embargo, ambas ciudades enfrentan críticas de activistas que denuncian operativos de seguridad y presiones contra personas que viven en espacios públicos cerca de zonas estratégicas para el torneo.
El debate recuerda experiencias previas en grandes eventos internacionales, donde las autoridades fueron acusadas de desplazar a personas vulnerables para mejorar la imagen de las ciudades anfitrionas. Esta vez, los gobiernos locales aseguran que buscan soluciones permanentes y no únicamente ocultar el problema durante la celebración de la Copa del Mundo.
Mientras los estadios se preparan para recibir a miles de aficionados, la realidad fuera de los recintos deportivos evidencia que uno de los mayores retos de las ciudades sede no se juega sobre el césped, sino en la búsqueda de soluciones duraderas para quienes aún carecen de un hogar.
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