Estados Unidos desmanteló este miércoles una operación de ciberespionaje vinculada a China que durante años habría utilizado dos plataformas de hackeo para atacar redes gubernamentales, infraestructuras críticas y otras organizaciones sensibles del país.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) y el FBI anunciaron la incautación de los dominios utilizados por QScan y QTRouter, dos plataformas operadas por el grupo conocido como QTFY. Según las autoridades estadounidenses, ambas herramientas permitían ejecutar ataques informáticos y ocultar el verdadero origen del tráfico malicioso.
Entre los objetivos identificados aparecen sistemas de la NASA, la Reserva Federal, el Senado de Estados Unidos y el propio Departamento de Justicia. También fueron señalados el Departamento de Energía, el Departamento de Salud y Servicios Humanos y los Institutos Nacionales de Salud.
Las autoridades indicaron que las actividades de QTFY se remontan al menos a 2018 y que la operación no se limitó a instituciones gubernamentales. Los investigadores también identificaron ataques contra hospitales, compañías de telecomunicaciones, empresas eléctricas, instituciones financieras, contratistas de defensa y otras organizaciones en Estados Unidos y otros países.
¿Cómo funcionaban las plataformas?
QScan y QTRouter cumplían funciones diferentes dentro de la infraestructura utilizada por los atacantes.
Según documentos judiciales citados por las autoridades estadounidenses, QScan era utilizado para identificar vulnerabilidades y comprometer dispositivos conectados a internet. La herramienta podía automatizar procesos destinados a infectar equipos y ampliar la red disponible para los operadores.
QTRouter, por su parte, funcionaba como una infraestructura de ocultamiento. Permitía que los atacantes utilizaran dispositivos comprometidos para esconder el origen real de sus operaciones, haciendo que el tráfico malicioso pareciera proceder de otros equipos.
La red llegó a utilizar miles de dispositivos conectados a internet como parte de una infraestructura que dificultaba rastrear a los responsables. De esta manera, los operadores podían aprovechar equipos comprometidos para realizar diferentes actividades sin revelar directamente desde dónde se ejecutaban los ataques.
La incautación fue autorizada por un tribunal estadounidense. Las autoridades tomaron el control de los dominios empleados por las plataformas para comunicarse y autenticarse. Debido a que esas direcciones eran esenciales para el funcionamiento de la infraestructura, la operación provocó que QScan y QTRouter quedaran inoperativas.
La conexión con una empresa china
Los investigadores estadounidenses vincularon QTFY con Nanjing Xinjiuwei Network Technology Company, una empresa privada con sede en China.
De acuerdo con documentos judiciales, el grupo habría ofrecido servicios de hackeo a clientes que incluían al Ministerio de Seguridad del Estado de China y al Ejército Popular de Liberación. Las autoridades estadounidenses sostienen que los servicios permitían a operadores vinculados al Gobierno chino aprovechar la infraestructura creada por QTFY para realizar actividades cibernéticas.
Los documentos también señalan indicios de pagos procedentes del aparato de inteligencia chino hacia la compañía, elementos que las autoridades estadounidenses consideran relevantes para establecer la relación entre la empresa y las operaciones de ciberespionaje.
El Departamento de Justicia presentó la operación como parte de una estrategia más amplia para impedir que actores vinculados a gobiernos extranjeros utilicen redes estadounidenses y dispositivos conectados a internet como herramientas para atacar infraestructuras críticas.
El fiscal general estadounidense, Todd Blanche, afirmó que los operadores respaldados por China que atacan infraestructuras críticas estadounidenses serán perseguidos y que las autoridades continuarán realizando operaciones técnicas para desmantelar este tipo de actividades.
NASA, la Reserva Federal y el Senado, entre los objetivos
La amplitud de los objetivos identificados convirtió el caso en uno de los episodios recientes más relevantes de ciberseguridad para el Gobierno estadounidense.
Los registros judiciales señalan que QTFY consiguió acceder a algunos sistemas gubernamentales y que también realizó intentos contra otras redes. En el caso del Senado, los ataques se produjeron incluso durante 2026.
La NASA y la Reserva Federal también aparecen entre las instituciones afectadas por la campaña, junto con organismos relacionados con energía, justicia, salud e investigación científica.
La operación no habría tenido como único objetivo obtener información gubernamental. Los investigadores también encontraron actividades dirigidas contra empresas de sectores estratégicos, incluidos defensa, finanzas, telecomunicaciones y energía.
El alcance internacional de la infraestructura también fue significativo. Según reportes sobre la investigación, la red de dispositivos comprometidos se extendía a numerosos países y permitía a los operadores utilizar equipos de terceros para ocultar sus actividades.
China rechaza las acusaciones
El Gobierno chino rechazó las acusaciones estadounidenses.
Un portavoz de la Embajada de China en Washington afirmó que Pekín no conocía los detalles específicos mencionados por el Departamento de Justicia, pero aseguró que el Gobierno chino se opone y combate todas las formas de ciberataques de acuerdo con la ley.
China también acusó a Estados Unidos de utilizar las cuestiones relacionadas con la ciberseguridad para desacreditar al país y pidió a Washington dejar de utilizar la seguridad nacional como argumento para imponer restricciones contra empresas chinas.
Las acusaciones se producen en un contexto de creciente tensión entre Washington y Pekín por cuestiones de seguridad informática. Ambos gobiernos se han acusado mutuamente en diferentes ocasiones de realizar operaciones de espionaje y ataques contra infraestructuras digitales.
Una operación que no elimina todos los riesgos
La incautación de los dominios representa un golpe importante para la infraestructura utilizada por QTFY, pero no significa necesariamente que la amenaza haya desaparecido.
Las autoridades estadounidenses consiguieron inutilizar elementos fundamentales de las plataformas, pero los especialistas en ciberseguridad advierten que grupos con experiencia pueden intentar reconstruir sus redes mediante nuevos dominios, servidores o herramientas.
La operación también muestra una tendencia creciente en las investigaciones estadounidenses: perseguir no solamente a los hackers que realizan los ataques, sino también la infraestructura comercial y tecnológica que les permite ejecutarlos y ocultarse.
En este caso, el Gobierno estadounidense actuó contra las plataformas que servían como herramientas para identificar vulnerabilidades, infectar dispositivos y ocultar el origen de los ataques.
El episodio vuelve a poner bajo la lupa la vulnerabilidad de las instituciones públicas estadounidenses frente a operaciones de espionaje digital. Que entre los objetivos aparezcan organismos como NASA, la Reserva Federal y el Senado evidencia que las campañas de este tipo pueden afectar tanto a instituciones relacionadas con la seguridad nacional como a organismos científicos, financieros y legislativos.
Por ahora, la incautación dejó fuera de servicio los dominios asociados a QScan y QTRouter. Sin embargo, las autoridades estadounidenses mantienen abierta la investigación sobre la infraestructura, los operadores y los posibles daños derivados de una campaña que, según los documentos judiciales, llevaba activa al menos ocho años.
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