El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, formalizó este miércoles una medida destinada a aumentar temporalmente la entrada de carne importada al país, con el objetivo de contener los precios que pagan los consumidores en supermercados y establecimientos de alimentación.
La decisión quedó establecida mediante una proclamación presidencial que incrementa en 300.000 toneladas métricas la cantidad de determinados productos de carne magra que pueden ingresar dentro de la cuota arancelaria durante 2026. La medida busca ampliar la oferta disponible para la producción de carne molida y ejercer presión sobre los precios.
La Casa Blanca sostiene que el aumento de los precios de la carne responde, entre otros factores, a una reducción histórica de la oferta de ganado en Estados Unidos. El inventario de ganado del país se encuentra en niveles que no se habían registrado en aproximadamente 75 años, mientras la demanda continúa siendo elevada.
El precio de la carne molida alcanzó en julio un promedio de 6,89 dólares por libra, más de 50 % por encima del nivel registrado cinco años atrás, según datos citados por medios estadounidenses.
Trump había anunciado el plan el pasado 21 de agosto, cuando señaló que Estados Unidos permitiría durante 90 días la entrada de hasta 300.000 toneladas métricas adicionales de carne destinada a la producción de carne molida, sin el arancel adicional aplicado cuando se supera la cuota establecida.
El mandatario aseguró entonces que la carne importada sería comercializada aproximadamente 25 % por debajo de los precios actuales del mercado, aunque la administración no había identificado públicamente a todos los proveedores extranjeros que participarían en el programa.
La proclamación firmada este miércoles establece además un mecanismo para comprobar que ese compromiso de reducción de precios se cumpla. Si el Departamento de Agricultura y el Representante Comercial de Estados Unidos determinan que los productos importados no se venden con el descuento previsto, deberán informar al presidente para que pueda decidir si elimina la cantidad restante de la cuota adicional.
La decisión, sin embargo, provocó una reacción negativa entre organizaciones de productores y ganaderos estadounidenses.
La American Farm Bureau Federation pidió a Trump reconsiderar la medida y advirtió que aumentar las importaciones podría perjudicar a los productores que actualmente intentan reconstruir el rebaño nacional.
La preocupación también llegó desde sectores republicanos. Senadores de estados con una importante actividad ganadera cuestionaron que la solución al aumento de precios consista en permitir una mayor entrada de carne extranjera.
El argumento de los productores es que el mercado estadounidense necesita tiempo e incentivos para recuperar su inventario de ganado. Una mayor cantidad de carne importada podría reducir los precios a corto plazo, pero también disminuir los incentivos económicos para que los ganaderos amplíen sus rebaños.
La medida se produce además en un momento políticamente sensible. Los precios de los alimentos y el costo de vida se han convertido en temas centrales de cara a las elecciones de medio término de noviembre, en las que los republicanos buscan conservar sus mayorías en el Congreso.
La administración Trump, por su parte, presenta la iniciativa como una solución temporal. El objetivo sería aumentar la oferta mientras los productores nacionales tienen tiempo para recuperar sus niveles de producción.
La Casa Blanca también ha impulsado otras medidas para aumentar la disponibilidad de carne. En febrero, Trump había autorizado un incremento de 80.000 toneladas métricas en la cuota de importación de recortes de carne magra procedentes de Argentina.
Además, Estados Unidos comenzó recientemente una reapertura gradual de puertos para permitir nuevamente la entrada de ganado mexicano, después de las restricciones implementadas para contener el riesgo de gusano barrenador.
Trump también anunció que su administración analizará las regulaciones que afectan a las plantas procesadoras de carne. El presidente ha recibido críticas por la concentración del sector, en el que cuatro grandes compañías controlan aproximadamente 85 % del mercado de procesamiento de carne.
El debate, por tanto, va más allá del precio de una libra de carne molida. La administración enfrenta el desafío de equilibrar el alivio inmediato para los consumidores con las necesidades de una industria ganadera que intenta recuperarse después de años de sequía, elevados costos de alimentación y reducción del número de animales.
Para los consumidores, el objetivo es que una mayor oferta de carne extranjera contribuya a reducir los precios en los próximos meses. Para los ganaderos, el temor es que esa solución temporal termine debilitando la recuperación de la producción estadounidense.
La nueva cuota tendrá un impacto limitado en el tiempo, pero su efecto sobre los precios y sobre el mercado ganadero será observado de cerca durante los próximos meses, especialmente mientras Estados Unidos se acerca a las elecciones de noviembre.
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