El embajador de Australia en Estados Unidos, Kevin Rudd, anunció que dejará su cargo en marzo, meses después de que salieran a la luz críticas que realizó en el pasado contra Donald Trump. La decisión ha generado debate tanto en Canberra como en Washington sobre el impacto de las opiniones personales en la diplomacia internacional.
El diplomático había calificado anteriormente a Trump con términos duros durante conferencias privadas, comentarios que posteriormente se filtraron y provocaron tensiones políticas. Aunque el gobierno australiano minimizó el impacto, la relación bilateral quedó bajo escrutinio.
Australia es uno de los aliados históricos más cercanos de Estados Unidos en materia de defensa y seguridad, especialmente en la región del Indo-Pacífico. Por ello, la figura del embajador resulta clave para mantener la estabilidad diplomática entre ambos países.
Fuentes oficiales señalan que la salida ya estaba prevista dentro de los ciclos normales del servicio exterior, aunque el contexto político ha llevado a interpretaciones distintas. Analistas consideran que el episodio evidencia la delicada línea que deben mantener los diplomáticos entre opiniones privadas y responsabilidades públicas.
El gobierno australiano reiteró su compromiso con una relación sólida con Estados Unidos, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca. Mientras tanto, se espera el nombramiento de un nuevo embajador que continúe fortaleciendo la cooperación bilateral.
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